El comercio, la forma más alta de respeto: libre comercio o comercio por ideologías
Por Sergio H. Lettieri · Octubre 2026
Esta semana el presidente Milei volvió a la carga con el Mercosur: "ahora esto será un torpedo atómico", dijo, y advirtió que si no se acelera la apertura "hay que cerrarlo". En el Gobierno no ocultan la apuesta: si Flávio Bolsonaro gana la segunda vuelta en Brasil, se abriría una mayoría regional para flexibilizar el bloque.
El diagnóstico es correcto: el Mercosur lleva décadas atrapado en discusiones administrativas mientras el mundo negocia. Pero la apuesta que lo acompaña merece una advertencia. Si la apertura depende de quién gane en Brasilia, no estamos hablando de libre comercio, sino de comercio por afinidad ideológica. Y eso es exactamente lo que hay que dejar atrás.
Lo digo de una forma que quizás suene extraña: el comercio es la principal fuente de respeto entre las personas.
Pensémoslo un momento. Alguien dedica su talento, su tiempo y su esfuerzo a desarrollar un producto o un servicio. Del otro lado, un desconocido —que puede estar a diez mil kilómetros, hablar otro idioma y votar a otro partido— lo elige, paga por él y, con ese gesto, convalida ese trabajo. No existe mayor forma de respeto que la de dos personas o dos empresas que ni siquiera se conocen y se reconocen mutuamente a través de un intercambio voluntario.
Esa es la lógica del libre comercio: gana el mejor producto, el mejor precio, el mejor servicio. No el más simpático ni el más alineado.
El comercio por ideologías funciona al revés. Premia los sesgos y no la calidad. Se abren mercados a los amigos y se cierran a los adversarios; se firman acuerdos con quien piensa parecido y se congelan con quien no. El resultado es previsible: consumidores que pagan más por menos, empresas que compiten por favores políticos en lugar de competir por clientes, y bloques regionales que cambian de rumbo cada vez que cambia un gobierno.
Lo vivimos en el Río de la Plata durante décadas. El Mercosur fue, según la época, un proyecto "progresista" o un obstáculo "neoliberal". Nunca terminó de ser lo que debía: un espacio donde un productor de Paysandú, de Rosario o de Porto Alegre pudiera vender sin pedirle permiso a nadie.
Uruguay, hoy con un gobierno de otro signo que el argentino, también empuja la apertura. Es la mejor prueba de que el interés comercial no necesita afinidad ideológica.
Por eso la apertura no puede ser un premio a un resultado electoral. Si el Mercosur se acelera solo porque coinciden los presidentes, se frenará cuando dejen de coincidir. La región necesita reglas estables, que sobrevivan a los gobiernos y protejan lo único que importa: la libertad de dos partes de elegirse.
Un torpedo, atómico o no, destruye. El comercio construye algo que ningún decreto puede imponer: confianza entre extraños.
Ese es el verdadero activo de una región. Y no tiene color político.
Sergio H. Lettieri — Consultor en Inserción y Comercio Internacional e Inversiones; ex profesor, Universidad Católica del Uruguay, Sede Punta del Este
Summary (EN)
This week Argentine President Javier Milei said Mercosur must speed up its opening — "now this will be an atomic torpedo" — or else "it has to be closed". His government is betting that a Flávio Bolsonaro victory in Brazil's runoff would create a regional majority to make the bloc more flexible. The diagnosis is right; the bet deserves a warning. If opening depends on who wins in Brasília, it is not free trade but trade by ideological affinity. Trade is the highest form of respect between people: someone puts talent and effort into a product or service, and a stranger — in another country, speaking another language, voting for another party — validates that work by buying it. Free trade rewards the best product; ideological trade rewards bias. Uruguay, under a government of a different political sign than Argentina's, is also pushing for opening — proof that commercial interest needs no ideological alignment. The region needs stable rules that outlive governments. A torpedo destroys; trade builds trust among strangers.
Resumo (PT)
Nesta semana, o presidente argentino Javier Milei afirmou que o Mercosul precisa acelerar sua abertura — "agora isto será um torpedo atômico" — ou então "é preciso fechá-lo". O governo aposta que uma vitória de Flávio Bolsonaro no segundo turno no Brasil criaria uma maioria regional para flexibilizar o bloco. O diagnóstico está certo; a aposta merece um alerta. Se a abertura depende de quem vence em Brasília, não se trata de livre comércio, mas de comércio por afinidade ideológica. O comércio é a forma mais alta de respeito entre as pessoas: alguém dedica talento e esforço a um produto ou serviço, e um desconhecido — em outro país, falando outra língua, votando em outro partido — valida esse trabalho ao comprá-lo. O livre comércio premia o melhor produto; o comércio ideológico premia os vieses. O Uruguai, com um governo de signo político diferente do argentino, também defende a abertura — prova de que o interesse comercial não precisa de afinidade ideológica. A região precisa de regras estáveis, que sobrevivam aos governos. Um torpedo destrói; o comércio constrói confiança entre estranhos.
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